¿Por qué mis novelas no son (solo) lo que parecen?

  

Hola a todas,

Seguro que conocéis esa mirada. Esa media sonrisa condescendiente cuando alguien ve la portada de nuestro libro actual y nos suelta el famoso: Ah, ¿pero todavía escribes romance? Como si después de más de cincuenta novelas, una todavía estuviera esperando permiso para hablar de lo que nos mueve el mundo.

Durante mucho tiempo nos han vendido que leer o escribir sobre el amor es un placer culpable. Algo ligero para pasar el rato mientras esperamos que pase algo importante. Pero hoy quiero dejar algo claro: escribir sobre el amor no es cursi. Es un acto político.

Y no, no me he vuelto loca. Es político por tres razones que todas las que me leéis conocéis bien:

  1. Porque mis mujeres no se pierden. En mis historias, el amor no es un rescate, es una elección. Escribo sobre mujeres que deciden, que tienen su propia vida y que, si eligen a alguien, es porque esa persona suma, no porque la complete. Reivindicar nuestra soberanía sobre nuestro propio deseo es, posiblemente, lo más revolucionario que podemos hacer hoy.
  2. Porque el deseo es inteligente. Nos han enseñado a ocultar lo que queremos, a ser prudentes, a esperar. Yo escribo sobre el deseo porque es una forma de inteligencia emocional. Saber qué queremos y cómo lo queremos es puro empoderamiento.
  3. Porque el final feliz es un derecho. En un mundo que a veces parece empeñado en darnos malas noticias, escribir sobre la posibilidad de que las cosas salgan bien, de que el respeto y la igualdad ganen la partida, es una declaración de principios.

Escribo romance porque creo en el amor con carácter. Ese que no pide perdón por existir y que no se conforma con migajas.


Así que, la próxima vez que alguien te mire con sorna, recuerda que no tienes en las manos solo una historia de amor. Tienes una declaración de libertad.

Nos vemos entre páginas,

Olga Salar

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